Tres viviendas, una misma esencia
En una de las parcelas más tranquilas y próximas a Cala Baladrar, en Benissa, se levanta un conjunto de tres viviendas unifamiliares que comparten un mismo planteamiento: alcanzar el equilibrio entre geometría, materia y paisaje.
El proyecto se organiza mediante un sistema de planos horizontales y verticales que definen espacios y visuales con precisión. Los volúmenes se disponen en secuencia, generando vuelos, sombras y transparencias que aportan ritmo y profundidad al conjunto. Esta estrategia permite que cada vivienda mantenga su identidad dentro de una composición global unitaria y coherente con el entorno.
La materialidad desempeña un papel estructurador. El travertino rosa, presente en los muros principales, aporta continuidad y textura al conjunto, variando su tono con la luz natural. Su cromatismo conecta con el contexto —la piedra, la tierra, la vegetación autóctona—, mientras que los planos de mortero claro y las lamas verticales regulan la escala y equilibran la masa construida. Todos los materiales empleados son naturales: piedras en suelos y revestimientos, maderas en carpinterías y elementos interiores, y morteros minerales en los acabados exteriores. Esta elección garantiza coherencia material, durabilidad y un envejecimiento armónico con el entorno.
Cada vivienda se adapta a la topografía y a su orientación, optimizando vistas y privacidad. Los interiores se articulan como recorridos continuos que se abren hacia terrazas y espacios ajardinados, donde la vegetación y el paisajismo se integran en la arquitectura. La piscina se incorpora a este sistema exterior, reflejando el entorno inmediato.
El conjunto combina masa y vacío, protección y apertura. Los voladizos generan sombra y profundidad, y los grandes ventanales establecen una relación directa con el paisaje.
El resultado es un conjunto residencial de lenguaje contemporáneo, donde la materialidad, la proporción y la relación con el lugar definen una arquitectura sobria, precisa y equilibrada.